“People don’t like to be told anything — I mean I don’t think they even like to be told their pants are open. They love to discover things themselves, and I believe the only way to do it is to lead them up to a certain place, and then let them go the last distance alone — taking the chance, of course, that they may miss your point”.

“La gente no quiere que se les diga nada — quiero decir que no creo ni que quieran que se les diga que su cremallera está bajada. Les encanta descubrir cosas por ellos mismos, y creo que el único modo de hacerlo es guiándoles hasta un lugar concreto y luego dejarles que hagan el último tramo solos — arriesgándose, por supuesto, a que pierdan de vista tu objetivo”.

Stanley Kubrick en una entrevista de Terry Southern no publicada pero posteriormente sacada a la luz en el libro Killed: Great journalism too hot to print (Gran periodismo demasiado caliente como para imprimir).

Este extracto forma parte de una muy interesante entrevista, enlazada en el párrafo anterior, en la que Kubrick explica algunos de sus métodos de trabajo y algunas de las decisiones que fue tomando en su vida para llegar a convertirse en el mito que siempre será.

La entrevista la descubrí hace unos días en un artículo de Cinephilia and Beyond, un curso de cine impresionante hecho tumblr que puede robarte las horas de toda tu vida. En ese mismo artículo se enlaza la entrevista completa del escritor Terry Southern, posterior guionista de Dr. Strangelove or: How I learned to stop worring and love the bomb (1964), a Stanley Kubrick con Lolita (1962) recientemente terminada. También se enlaza, para seguir aprendiendo con Southern, una entrevista de Maggie Paley al guionista en The Paris Review en la que se cuentan sus inicios, sus experiencias, sus anécdotas y sus consejos. Y también se puede seguir aprendiendo de Kubrick con otra entrevista enlazada, esta vez a través de Scribd, que fue publicada en The Film Director as Superstar (1969), en la que Joseph Gelmis le pregunta al director sobre su película entonces en preproducción, Napoleon, y sobre distintos aspectos de su filmografía y biografía con 2001: A Space Odyssey (1968) recientemente finalizada.

Cada actualización de Cinephilia and Beyond se transforma así en una excepcional clase hipervinculada en la que se aprenden los secretos del arte de hacer cine. Explorando en los archivos que nos facilita internet, este blog se sumerge en absolutamente todos los aspectos que forman parte del mundo del cine, todo un despliegue de cinefilia muy difícil de encontrar.

Stanley Kubrick

Algunas de las joyas que podrás encontrarte aquí serán completas entrevistas a directores, multitud de guiones en PDF esperando para ser leídos, documentales sobre cine de visionado gratuito, artículos en antiguas revistas de cine, clases magistrales, programas de televisión, entrevistas, audiocomentarios, fotografías… Entre los fans del blog se encuentran Matt Reeves, Nacho Vigalondo, Gary W. Goldstein, Shane Salerno, Brian Michael Bendis o Josh Boone.

Me resulta tan fascinante que cada día tengo que leer algo nuevo de posts pasados para poder irme a dormir tranquilo y ampliar una base de datos que pronto pasará a estar patrocinada involuntariamente por este extraordinario archivo digital. No me extiendo más porque me temo que en actualizaciones futuras acabaré nombrando de nuevo a esta Biblioteca de Babel del Cine.

Como un ejemplo de los tesoros que aquí se reúnen, y siguiendo con Kubrick, aquí va una introducción que Terence Davies hizo de 2001: A Space Odyssey (1968) antes de ser emitida en el ciclo del director que The Film Club programó para la BBC2 en 1989.

Sherlock

El sith James Moriarty confesó al jedi Sherlock Holmes de la BBC, en el último capítulo de la segunda temporada, que le resulta interesante ver cómo el jedi ha adoptado a un simple intelecto de la plebe como puede ser Watson en calidad de amigo y compañero. Incluso añadió a su interés sociológico la posibilidad de conseguir su propio ser ordinario que haga de acólito durante sus aventuras. De hecho, si la serie fuera narrada desde el punto de vista del sith, ese acólito sería completamente necesario para poner voz a las dudas y pensamientos del espectador; para lo mismo que Watson fue creado.

Nosotros, la audiencia, nos sentimos a gusto en los zapatos de Watson, unos zapatos que fueron creados a medida tanto en las novelas como en las películas posteriores. Siguiendo a Holmes durante sus investigaciones, nos gusta verle como a un semidiós con superpoderes capaz de adivinar el paradero de unos niños secuestrados a partir de una huella en una casa a kilómetros de distancia. Esperar a que el semidiós baje del Olimpo a explicarnos cómo lo ha hecho es mucho más cómodo y rápido que tratar de construir el puzzle de un millón de piezas que nos ayudaría a averiguarlo. Sabiendo que este es el pensamiento común de una audiencia que se ve como Watson, no es de extrañar que la mayoría de series sobre resolución de casos policiales vea también a su audiencia como a su acólito de intelecto ordinario, falicitándole todas las soluciones a posteriori y, probablemente, extraídas de lugares a los que el público no ha tenido acceso.

De la misma forma que es cómodo y rápido para la audiencia verse como Watson, es también cómodo y rápido para los guionistas ver a la audiencia como tal. Esto hace que los casos puedan ser tan rebuscados como quieran, investigar en los lugares que mejor les convengan en favor del drama y, finalmente, cuando ellos deseen, dar con la solución gracias a un nuevo y último descubrimiento que deje atónitos a los espectadores. Pero la BBC, Mark Gatiss, Steven Moffat y Steve Thompson han decidido dejar de lado toda esta comodidad y seguridad y llevar a cabo un despliegue de honestidad. Ya no solo ven a sus espectadores como al Watson que prefiere ver el solucionario del crucigrama, sino también como al Sherlock que prefiere jugar a terminarlo, por muy difícil que parezca.

Esta decisión es complicada. Si hubieran dirigido la serie hacia todos aquellos Sherlock que hay ahí fuera, todos los Watson no tendrían ni idea de qué está pasando. Así que sabiendo que Watson y Sherlock puede ser una misma persona, la serie también se dirige hacia los Watson y los Sherlock al mismo tiempo. Mientras el esqueleto parece estar dirigido a los Watson que queremos leer el solucionario, han distribuido una ambiciosa cantidad de easter eggs por todos los episodios dirigida a todos aquellos Sherlock que se atrevan a resolver los enigmas al ritmo del protagonista.

La última ficha la han movido con el último episodio de su segunda temporada, con un final de solución compleja cuya respuesta se la guardan para septiembre de este año. Tras el primer visionado, no puedes ser más que ese Watson atónito cuya única explicación la deja en manos de la fe y la esperanza. Pero eso es porque al Watson de la serie le falta un superpoder que la audiencia sí tiene y que la convierte en Sherlock: la capacidad de retroceder y parar el tiempo. Tras un segundo y tercer visionado se pueden encontrar varios easter eggs que dan con una solución probable y que han inundado internet de conjeturas desde su emisión. Esta invitación al juego y a la interactividad que nos regala la BBC, inusual en otros productos similares, es el método que conocen Gatiss y compañía para no tratar a su audiencia como seres ordinarios. Es toda una declaración de intenciones y de fidelidad que hace al producto mucho más atractivo y a la audiencia mucho más inteligente.

Pero lo más fascinante aún si cabe es que este gran ejemplo de trato inteligente a la audiencia nos lo ofrezca una serie cuyo protagonista se vanagloria sin modestia de su mente superior frente al resto de seres ordinarios. Tras la ostentación y pedantería extrema, escondida en diversos easter eggs, se encuentra esa humildad y esa declaración que ve a todo su público como a un igual. Un poco al contrario de lo que se ve a menudo en televisión. Y fuera de ella.

Contando el número de joyas que salieron de la anterior edición del Festival de Cannes, y la no menos importante cantidad de películas que dieron para extensos debates que aún hoy siguen creciendo, no es de extrañar que la lista anunciada para este año se reciba como una fuente de obras que cambiarán percepciones, darán que hablar, ayudarán a la continua evolución del cine, marcarán hitos y, sobre todo, regalarán algunos de los mejores momentos cinematográficos de los próximos doce meses, conforme vayan llegando a las pantallas comerciales. Estas son las películas que más me interesan.

Inside Llewyn Davis

Con un trailer con un final tan enigmático como el de A serious man (Joel y Ethan Coen, 2009) la sensación es la de estar asistiendo a la perla que redondeará las últimas obras filosóficas que han salido de las manos de los hermanos más conocidos del cine: la citada y la más reciente True Grit (Joel y Ethan Coen, 2010). Contando con la presencia de Carey Mulligan, el posible descubrimiento de un hasta ahora secundario invisible, las cálidas acogidas de su preestreno en pase privado y el hecho de que han tenido que pasar tres años para que se estrenase, esta bomba puede ser un auténtico acontecimiento.

Le Passé

Después del bombazo que supuso A Separation (Asghar Farhadi, 2011), el siguiente largometraje del director, ahora en francés, es una equis en todos los calendarios. El listón está en un guión perfecto que convertía a la conversación cotidiana en el engranaje que conformaba una historia cerrada, intensa y con un interés in crescendo, y no se espera algo que no sea, al menos, igual de bueno y emocionante.

Venus in Fur (Obra)

Venus in Fur

Como si ver a Emmanuelle Seigner con la ropa que casi lleva Liv Rooth en el papel de Vanda durante el paso de la obra por Hartford, Connecticut, no fuera razón suficiente para estar contando los días que quedan para su estreno, además tenemos a su marido, Roman Polanski, a la batuta. Un Polanski que ya ha demostrado sentirse a gusto con historias de pocos y complejos personajes, como nos demostró recientemente con la minimalista, brillante y también teatral Un dios salvaje (2011). Con esta última promete jugar con la fantasía y la realidad, con la seducción y el poder, y, posiblemente, con su visión del amor y el sexo que ya disfrutamos enormemente en Lunas de hiel (1992).

Only God Forgives

Quien en el 2011 nos trajera la que para muchos fuera la película del año, aunque para Tarantino y para mí solo fuera un “buen intento“, Drive (Nicolas Winding Refn, 2011), viene ahora con una de mafias. Aunque mis expectativas son bajas, tengo una pequeña esperanza en que ese buen intento se pueda transformar en una diana, pero ver otra vez a Ryan Gosling encorsetado en su objetivo de convertirse en una nueva personificación de lo cool no es algo que me atraiga.

De todas formas siempre espero que lleguen sorpresas de películas que de momento no han llamado mi atención. Al fin y al cabo para eso, entre otras cosas, está el Festival de Cannes.

Enrique González Macho, presidente de la Academia de Cine Española y propietario de la cadena de cines Renoir y la productora, distribuidora y exhibidora Alta Films, ha informado este jueves que esta última se encuentra “en una situación económica muy delicada” que podría suponer el cierre de la misma, aunque, según asegura, pretende evitarlo.

Logo de Alta Films

Según se puede leer hoy en El País, González Macho ha dejado claras las causas de este final: “Hasta aquí hemos llegado, hemos resistido mientras se ha podido… pero la gente ha dejado de ir al cine, el DVD está arruinado y las televisiones, sobre todo la pública, ya no apoyan al cine español ni al cine de autor en general; así que intentaremos seguir, montando algo más pequeño, pero la verdad es que… hay poco que hacer“. El problema es que, a pesar de haber rozado con una superficialidad alarmante las causas del problema, la única solución viable que se plantea es que las cosas se acaben por arreglar solas, por obra de un milagro económico que no termina de llegar. En vez de avanzar con los cambios y adaptarse a un nuevo clima, prefiere esperar a que los cambios se adaptan a él. La selección natural avanza y, evidentemente, no hay hueco para los que no avanzan con ella.

El presidente de la Academia de Cine añade una puntilla que ayuda a comprender por qué uno de sus negocios está a punto de caerse: “La verdad es que yo me quiero ir“. La falta de ganas por trabajar duro, por innovar, por investigar y por crecer junto a su público le hacen manifestar sus deseos de abandonar esta carrera: una especie de suicidio lento y anticipado al que se van sumando muchos otros dinosaurios que pasarán a convertirse en fósiles históricos.

A pesar de que al principio pueda resultar algo lento que nuevas distribuidoras y exhibidoras cojan el relevo que ahora deja vacante Alta Films, no sucederá lo que se atreve a pronosticar Macho: “Hay otras distribuidoras españolas de cine independiente, pero yo creo que acabarán corriendo la misma suerte que nosotros“. No, no va a ser así porque, a pesar de que nos cueste creerlo, hay muchos cerebros trabajando en la industria del cine que saben cómo trabajar y qué ofrecer, pero que se ven pisoteados desde arriba por unas fuerzas que ahora echan la culpa a unos cambios que creen perniciosos. Esas fuerzas, muchas veces políticas, ahora ven cómo el castillo de naipes se va cayendo y cómo su modelo de negocio desaparece.

El cierre de Alta Films nos deja con un mal sabor de boca por ver a un referente histórico suicidarse de forma tan irresponsable y más sabiendo que, poco a poco, parecía que empezaba a abrir los ojos con sus incursiones esporádicas, y a veces a destiempo, en Filmin. Se van con él muchas buenas películas, recuerdos e iniciativas que, en los tiempos en los que llegó, pues se hace llamar la primera distribuidora española de cine de autor, eran revolucionarios y positivos. Pero con las canas llega también el cansancio y uno se quiere ir. A los pésames de grandes figuras del cine sumo también el mío, creyendo que la industria aprenderá de estos errores. Termino con el trailer del último gran estreno de la distribuidora: Alacrán enamorado (Santiago A. Zannou, 2013).

Después del éxito internacional de Todo sobre mi madre (1999)Pedro Almodóvar inició lo que interpreté como una tetralogía piramidal inversa cuyo punto álgido es la obra maestra Hable con ella (2002). Intentaré explicarlo en el siguiente post.

Hable con ella

La pirámide donde va a estar inserto todo este lenguaje no va a ser otra que la clínica privada El bosque de Hable con ella: la fortaleza que personifica las complejas ramificaciones del cerebro humano, porque si a algo se parece el cerebro humano es a una clínica privada, pero no a cualquier clínica privada, sino a la clínica privada El bosque. Cada habitación guarda una historia y cada historia esconde un buen ramo de secretos. La historia que se nos presenta en esta película es una historia de amor envuelta en un tema tan tabú como el de Lolita (Stanley Kubrick, 1962), un monólogo sentimental no recíproco cuya respuesta viene dada por uno mismo. Aunque Pedro Almodóvar construyó este castillo privado para sí mismo, las ramificaciones básicas del cerebro pueden extrapolarse a cualquier otro ser humano. Pero para entender mejor este lenguaje es preciso bajar hasta el primer piso de la pirámide, donde todo nos es más conocido. En una de las habitaciones del primer piso de este laberíntico bosque se encuentra una mujer manchega llamada Raimunda.

La tercera película de la tetralogía nos lleva hasta un pueblo de La Mancha bajo el inevitable título de Volver (2006). El primer piso, el más cercano al suelo, es el lugar de la mente reservado al espacio físico. Almodóvar volvió en muchos níveles a lugares físicos que en algún momento de su vida abandonó. Los lugares físicos, al estar compartidos materialmente por muchas personas, cumplen con el objetivo de unir experiencias comunes, recuerdos comunes, personas comunes y lenguajes que podemos entender todos.

Cuando nos encontramos con un desconocido en un espacio pequeño durante un tiempo dilatado, y nos vemos con la obligación de iniciar una breve conversación, siempre se suele acudir al tiempo atmosférico. “Hoy hace un calor agobiante“. “Se nota que está a punto de llegar el verano“. Esto ocurre porque cuando llueve, llueve sobre todos, y cuando hace sol, brilla sobre todas nuestras cabezas. Es la experiencia que de forma más segura puedes compartir con un completo desconocido. Por este motivo Volver fue, de las cuatro, la que mejor acogida tuvo entre público y crítica; a lo que también ayudaron una buenísima historia, guión, dirección e interpretación.

Seguimos subiendo y en el segundo piso nos encontramos con los fantasmas de la mente, que Almodóvar incluyó en La mala educación (2004). El último fotograma explicativo de la película nos desvela el código para entender las catacumbas de estas historias. Leer el diario secreto de alguien puede aportarnos el interés de conocer las anécdotas fascinantes y los misterios asombrosos de alguna Laura Palmer, o todo lo contrario, que es lo que consigue este director interpretado por Fele Martínez. Las páginas de este diario incluyen reflexiones y regresiones imprescindibles para uno mismo. Si eres Pedro Almodóvar, esta película será decisiva en tu vida. Si no, sigue subiendo.

El tercer piso es todavía más específicamente místico que el segundo. Lo que nos encontramos aquí arriba son los nudos gordianos de Los abrazos rotos (2009). Mucho más cerca de las nubes que de Raimunda, el tercer piso está envuelto en niebla y a través de las ventanas no se puede ver prácticamente nada. Mientras que el segundo piso no nos resultaba interesante por lo mismo que nos cansa una persona que nos cuenta su vida y sus logros cuando nos la encontramos de casualidad en un restaurante comiendo a solas, el tercer piso nos resulta tan lejano y confuso que la historia de Harry Caine la recibimos con indiferencia. La apoteosis de esta historia, con un colchón quemado, un gazpacho y un teléfono roto, es el orgasmo mental de un director que se ha dedicado a sí mismo toda una tetralogía. Aunque este argumento es el que utilizan algunos detractores para criticarle, gracias a El bosque vemos una mente al desnudo que se expone ante nosotros para nuestro análisis personal. Un museo en el que el colchón, el gazpacho y el teléfono se exponen tras sus vitrinas a lo largo de las habitaciones de esta clínica privada. Un museo en el que también caben fotos rotas, recuerdos de la infancia, pueblos enteros, cementerios y confesiones.

Tetralogia

El cine, como El bosque, es una ventana a las mentes de los creadores de sus historias, una oportunidad única para conocer al ser humano y, finalmente, para conocerse a uno mismo. Conocer el código en el que se nos cuentan estas historias puede ser algo tan complicado como descodificar el manuscrito Voynich. Sin embargo, es gratis tratar de averiguar la solución. El problema es que nuestra mente está contaminada por nuestras propias experiencias y adentrarnos en los oscuros pasadizos de este código es adentrarnos en los oscuros pasadizos de la autorreflexión. Y este es el fin último de este nuevo invento llamado cine.

Finalmente, el cine no solo nos ha dado a El bosque como único castillo en el que caminar buscando historias. Mis templos favoritos son el Hotel Overlook y la nave espacial Discovery One, y cada uno ha de encontrar los suyos. Sin embargo, el fragmento de película con el que quiero acabar este texto no incluye a ninguno de ellos dos, sino a otro templo igual de místico: Manderley. Listen to the sea

Si llegara el día en que un ignoto cinematográfico me pidiera una lista detalladamente ordenada de las primeras películas que debería ver para saber por qué existen los cinéfilos, una de las primeras sería La ventana indiscreta (Rear window, Alfred Hitchcock, 1954).

La ventana indiscreta es la historia de un hombre en silla de ruedas con una pierna escayolada que tiene el privilegio de haber enamorado a Grace Kelly. Kelly, quien hace el papel de la glamurosa Lisa Carol Fremont, lucha contra la obsesión de su amado para ganarse unos segundos de atención, porque este sencillo hombre con cara de James Stewart no quiere hacer otra cosa que no sea mirar por la ventana que da a un pequeño patio trasero inundado de muchas otras ventanas.

¿Qué puede ocurrir tras esos cristales que le resulte más interesante que contemplar a una deslumbrante Grace Kelly en carne y hueso? Historias. Pequeñas historias reales, incompletas y simultáneas.

Rear window

Todos nosotros, en mayor o menor medida, tenemos esa insaciable obsesión  por mirar por la ventana. A veces miramos a través de la ventana de nuestro dormitorio para ver qué hacen los vecinos, para ver el fragmento de sus vidas que nos permiten vislumbrar sus cortinas entreabiertas. Otras veces la ventana carece de cristal y las cortinas entreabiertas no son otras que el fragmento de tiempo en el que coincidimos con alguien en el autobús, en el tren, en el gimnasio o en el hospital. Una llamada de teléfono en voz alta, una conversación entre dos conocidos o una mirada perdida son suficientes para adentrarnos en nuevas historias reales, incompletas y simultáneas.

Imaginaos pues cómo alguien que ama mirar por la ventana, conocer historias ajenas de cualquier esquina del mundo y escuchar conversaciones en el autobús puede recibir un invento como el cine, la ventana por excelencia, un agujero espacio-temporal que puede llevarte a cualquier lugar y a cualquier tiempo. Historias que duran años condensadas en una mirada de dos horas por la ventana.

Sobre La ventana indiscreta ya han corrido ríos de tinta porque los cinéfilos, y el ser humano en general, han sabido ver en ella ese homenaje a su obsesión. Como dice el crítico Roger Ebert: “Es una película sobre un hombre que hace en la pantalla lo que nosotros hacemos en la sala: mirar a través de unas lentes las vidas privadas de unos extraños“. Todo se ha dicho sobre esa historia de la dama solitaria del primer piso que absorbe la mirada cuando la acción está ocurriendo en el piso superior, sobre ese resucitado interés de Stewart por Kelly una vez que esta pasa a formar parte de la historia tras la ventana, o sobre esos vecinos que se percatan de que forman parte de un todo solo cuando son forzados a ello por las circunstancias, o sobre esa banda sonora diegética, o esas persianas bajadas que también aportan información a su historia; todo despierta en el obsesionado un sentimiento fraternal por saber que al menos Hitchcock lo comprende.

Pero evidentemente el mundo del cine no solo nos ha dado a Alfred Hitchcock para que pudiéramos darle forma a la interminable labor del descubrimiento de la autoconciencia cinéfila. Esa obsesión por las historias forma parte de la columna vertebral de muchas otras películas, igual que forma parte de la columna vertebral del cine y de la vida.

De todos los ejemplos que nos ha dado el cine quiero rescatar tres cortometrajes de 2009, 2004 y 1899 que me encantan y que completan perfectamente aquello de lo que estoy hablando.

A kiss in the tunnel (George Albert Smith, 1899) no es como la mayoría de micropelículas de su época: ni es un espectáculo de magia con reverencias incluidas capturado por una cámara, ni una superproducción de ciencia ficción con una actuación teatral. Es un fragmento de menos de un minuto de la vida de una pareja que no sabe que está siendo observada. Aprovechan la oscuridad del túnel para darse una muestra de cariño que la época reservaba para lugares privados, y es la misma oscuridad de la sala la que nos permite asomarnos a esa ventana trasera e indiscreta, que avanza sigilosa por los raíles de nuestra obsesión.

La experiencia voyeur que se viven con los otros dos cortometrajes es clara y no hace falta comentarla. Por seguir en orden cronológico, el siguiente son las cuatro historias de animación de Flatlife (Jonas Geirnaert, 2004).

El último se llama La historia de siempre (José Luis Montesinos, 2009) y se podrían escribir varios párrafos sobre él.

Pero, al final, la verdad es que no nos tiene que importar si las sospechas de James Stewart resultan ser ciertas o falsas, o qué ocurrirá después del beso en el túnel, o dónde va ese hombre cuando baja del autobús, o en qué está pensando Maya a solas en el avión. No queremos que un director nos explique las intenciones de su película ni saber la verdad tras la leyenda. Queremos la historia que hemos dibujado en nuestra cabeza uniendo los puntos, coincida o no con la realidad. Y si al final llegamos a conocer el verdadero desenlace, no quiere decir que la historia que habíamos creado tuviera menos valor.

Por ello, en La ventana indiscreta puede que lleguemos a conocer la verdad tras Thorwald, pero nunca sabremos la historia completa de la pareja que duerme en el balcón o la bailarina del ático de enfrente. Ni tiene menos valor que la historia que vas a crear en tu mente después de ver la siguiente foto.

Novia

Sin importar de qué sea la crítica: cine, teatro, literatura, música…, el crítico se ha de enfrentar siempre al reto de no escribir ningún spoiler, esto es cualquier elemento que adelante algún detalle de la trama que no debiera haber sido revelado.

El sexto sentido

El crítico pues ha de hablar de la obra, ha de comentarla y ha de expresar su opinión sin arruinarle al lector la experiencia de verla por primera vez. Para ello tiene que jugar con las palabras de tal manera que la lectura de la misma tenga siempre dos interpretaciones. La primera la entenderá aquel que no ha visto la película o leído la novela y la información principal que va a recibir es si merece la pena verla o leerla. Junto a ello podrá obtener pistas de en qué centrar su atención que puedan enriquecer la experiencia.

La segunda la entenderá aquel que ya ha disfrutado de la obra, aquel que quiere contrastar su opinión con aquellos que también lo han hecho. Leerá el mismo texto que el lector anterior y entenderá un mensaje distinto. Verá que habla con nitidez de imágenes concretas, que comenta capítulos específicos y que desnuda la película con una claridad incuestionable. Como atravesando los densos mensajes de la censura con el machete descodificador, un nuevo texto sale a la luz; una interpretación que siempre había estado ahí es ahora esclarecida. El crítico la había escondido para no revelar los spoilers de un público que los censura, pero para el ávido lector que ahora habla su mismo lenguaje, el de quien ha visto la película, ya no hay barrera semántica que le impida comprender la segunda lectura.

El lector pues que pasa por ambos bandos, que primero lee la crítica, luego ve la película y finalmente vuelve a leer la crítica, vive una grata experiencia siempre que la crítica sea buena. Como alguien que ya conoce la resolución del misterio y camina hacia atrás para encontrarle el significado correcto a cada pista que había acumulado por el camino, el lector es capaz de comparar los dos mensajes y crear un tercero, el más importante: el suyo propio, personal e intransferible. Esa es la función de una crítica, esa es la magia de las dos lecturas y ahí reside el trabajo de evitar el spoiler.

En las antípodas de este arte están las críticas que gritan: “Contiene spoiler“, un método vago de sortear los obstáculos del público censor. Pero todavía hay algo peor: aquellas que no lo gritan y te lo descubren durante la lectura, imponiéndote el “no pienses en un oso blanco” durante el disfrute posterior de la experiencia.

Érase una vez una mujer que trataba de encontrarse en la vida. Desde que nació había estado dando vueltas sin un objetivo fijo y quería disfrutar de la sensación de estar haciendo lo que más quería; pero no sabía por dónde empezar a buscar. Un día, sin previo aviso, algo insólito ocurrió. Esta mujer vio cómo cambiaban algunas cosas alrededor de ella debido a este hecho, pero aún no sabía a ciencia cierta qué repercusiones iban a tener estos cambios en su vida.

Dos años después ya estaba complemente inmiscuida en un viaje sin retorno hacia esa búsqueda. No había habido un comienzo exacto en esta aventura. Solo había abierto los ojos y estos se habían acostumbrado, de repente, a la oscuridad. La luz que ahora estaba buscando era la que siempre había estado buscando. No sabía exactamente dónde ni cómo pero al menos ya sabía qué tenía que encontrar.

Pero este viaje, que iba a durar diez años, tenía un lado oscuro. No iba a ser tan fácil. Por el camino iba a tener que sacrificar muchas de las cosas por las que en otro tiempo había luchado. Iba a tener que enterrar principios y seres queridos. Esta búsqueda así lo requería y así debía hacerse. No importaba que hubiera quien no la comprendiese o quien la pudiera entorpecer. Era su búsqueda, su aventura personal, su peregrinaje hacia el sentido de la vida, y poco a poco sus ojos se iban acostumbrando a mucho más que a la oscuridad.

Estoy seguro de que habrá muchos que, como ella, hayan sacrificado todo en favor de una búsqueda personal que ni siquiera sabían si iba a ser exitosa. Aquellos que abandonan su ciudad en busca de un futuro dejando en el camino a familia, amigos, novios y novias. Aquellos que siguen unos ideales que les hacen distanciarse de aquellos que los detestan. Aquellos que incluso se sacrifican a sí mismos, o a sus principios, creyendo que llegará una recompensa. Y aquellos que, en el camino, además de hacerse daño a sí mismos, hacen daño a otras personas.

En algunas de estas categorías podrías encontrarte a ti mismo. En otras también podrás encontrar a Maya, la protagonista de la polémica y excelente Zero Dark Thirty (Kathryn Bigelow, 2012).

Zero Dark Thirty

Zero Dark Thirty NO es la historia de un gobierno que se excusa en la venganza para torturar a seres humanos. Zero Dark Thirty NO es la historia de un presidente que se esfuerza por convencer a la población de que la frase anterior es un rumor infundado. Zero Dark Thirty NO es la historia de un ejército que asesina y tortura sin pudor bajo la licencia para matar que le es otorgada cubierta entre banderas. Todas estas historias son el importante marco bajo el que tiene que lidiar Maya, pero Zero Dark Thirty es la historia de Maya.

Nos encontramos pues con Maya en el 2003, en plena búsqueda del sentido de su vida y del hombre más buscado del mundo como personificación de la misma. Kathryn Bigelow lo deja claro desde el primer plano y no pretende ni obviarlo ni esconderlo: aquí se va a torturar a gente. Primero vemos cómo Maya parece encontrarse al margen de ese acto, incluso tapándose los ojos y poniendo mala cara, pero no deja pasar ni cinco minutos para que veamos que es Maya quien lleva las riendas. Ella les hace volver dentro a todos a seguir torturando al sospechoso y es ella quien le pasa el cubo de agua al torturador. Bigelow también quiere dejar claro esto desde el principio sin esconderlo: aquí se va a torturar a gente y Maya es la principal implicada.

Pasada esta escena rebosante de honestidad, resulta absurdo culpar a la película de manipuladora. Asimismo, resultaría fuera de lugar culpar al gobierno estadounidense o al ejército. Fuera de lugar porque no es el objetivo de la película. Zero Dark Thirty deja claro que esto ocurre y no se mete a cuestionar si está bien o mal. Eso forma parte del espectador. En esa escena tenemos también a Ammar, atado de manos y torturado. No tardamos en saber que él está involucrado en el 11-S. Ha sido uno de los causantes de 3.000 muertes. ¿Quién es peor? ¿Él o el tipo que le está torturando? No importa. Esta es la historia de Maya: la pelirroja que coge el cubo de agua.

¿No crees que es muy joven para un trabajo tan duro?
- En Washington dicen que es una asesina.

Así nos presentan a Maya cuando comenzamos a ver su trabajo en la oficina de Pakistán, donde se suma al grupo de gente que ya estaba trabajando en buscar a Osama Bin Laden. No es mucho más diferente que cualquier otra búsqueda de un criminal que hayamos visto ya en cine o televisión: un grupo de investigadores siguen unas pistas que les lleven al asesino. La diferencia es que en vez del puzzle de cincuenta piezas que montan en un capítulo de una serie de televisión, aquí van a tener que juntar más de cincuenta mil, y claro, lleva tiempo. Aunque la llegada de Maya al equipo hará que esto se agilice. O eso cree ella.

Poco a poco vemos cómo este sentimiento de responsabilidad se mezcla con su búsqueda intrínseca, y Maya se acaba obsesionando hasta dedicar su vida por completo a esta misión internacional e individual. Con los años se ha mimetizado con el modo de conseguir la información que emplean en estos “interrogatorios”. Posiblemente ella sepa que no está haciendo lo correcto y que sus manos están manchadas de dolor y humillación, pero eso es algo que se guarda para ella y para sus momentos a solas frente al espejo del cuarto de baño. De cara al público, ella quiere dar a entender que legitima unos medios justificados por un fin que cree bueno. Toda opinión que se quiera dar más allá vendrá dada por el propio espectador, no por la película.

Uno de estos espectadores ha sido Mark LeVine, que en su recomendable artículo en Al Jazeera (de opinión no necesariamente compartida) nos cuenta cómo tanto progresistas como conservadores, otros espectadores, se han sentido molestos por la película, cada unos por interpretarla de una manera distinta. Evidentemente, el artículo sigue hablando de si Zero Dark Thirty justifica o no el uso de la tortura.

En el otro lado tenemos un espectador algo más implicado. Jose A. Rodríguez Jr. es un veterano de la CIA y autor de Hard Measures: How aggresive CIA actions after 9/11 saved American lives quien por supuesto asegura en este artículo del Washington Post que las torturas mostradas en la película son mucho más duras de lo que son en realidad. Algo que recuerda a un fragmento de vídeo que aparece en Zero Dark Thirty donde Barack Obama dice: “América no tortura y os puedo asegurar que no va a torturar“. Pero, una vez más, lo que diga Obama o lo que diga Rodríguez no es parte de nuestra historia principal.

LeVine, en su artículo, también dice: “Si es cierto que las escenas de torturas de Zero Dark Thirty fueron filmadas en prisiones activas [...] es muy probable que en esa prisión ocurran actos de tortura y brutalidad rutinaria, algo que los realizadores no hubieran conocido con una simple búsqueda en Internet. Quizás en su búsqueda de autenticidad y de crear la atmósfera más realista posible, decidieron que estaba bien cooperar con un gobierno que tortura a sus presos políticos en prisiones como la usada para esta película, y puede que en esa misma prisión“. Es probable que los realizadores se vieran en una batalla moral parecida en su búsqueda personal por la realización de una película tan personal como esta, y puede que hayan transferido todas sus noches sin dormir, todos sus sacrificios, todas las miradas a sí mismos en los espejos del baño y todos los cubos de agua lanzados sobre sus principios a Maya, algo que ha llenado de credibilidad al personaje. ¿Ha merecido la pena? De nuevo es una pregunta que se hace el espectador.

Zero Dark Thirty

Alguien que no es espectador de esta historia, aparte de Maya, es Kathryn Bigelow, una de las Mayas de la vida real. En el artículo firmado por Dexter Filkins en The New Yorker se pueden leer algunas opiniones y explicaciones de la misma. La que más me interesa, como periodista y espectador, es esta: “Lo que estábamos intentando era acercarnos a la película de forma casi periodística“. Si entendemos al verdadero periodismo de investigación como el que saca a la luz pública todo aquello que se estaba tratando de ocultar, la película es impecable.

La película ya está envuelta en leyendas, polémica y eternos debates sobre su aproximación a la tortura y a su forma de narrarla. Es ya una película de culto con aquellos que la odian y aquellos que la aman. Sin embargo, lo más importante de la película se encuentra contenido en el último plano: en un avión con un solo pasajero, varias lágrimas y una cabeza dando vueltas a mil revoluciones por minuto. Lo que está ocurriendo en esa cabeza durante ese plano cambia el significado de los diez años que ha durado la historia. No querría estar en su lugar en ese momento, tanto para bien como para mal. Pero, lamentable y afortunadamente, todos lo hemos estado o lo estaremos algún día. Es lo que tiene la búsqueda del sentido de la vida. Te guste o no lo que te encuentres al final, va a revolucionar tus pensamientos, tu futuro, tu pasado y toda tu vida.

Siempre me ha hecho gracia eso de hacer listas sobre las películas favoritas de un año. ¿Qué hay que tener en cuenta para considerar a una película de un año o de otro? ¿El año de producción? ¿El año de exhibición en su país de origen? ¿El año de exhibición en tu país? ¿El año en el que la has visto? Generalmente lo oficial es optar por el año de exhibición en su país de origen, pero eso nos obliga a que haya películas que siempre se queden en el limbo que hay entre las listas de un año y de otro. Yo generalmente solía optar por el año que aparece en IMDB, que suele ser precisamente el del estreno en su país de origen.

Sin embargo este año cambiaré eso. Igual que los Oscars tienen su propio criterio (películas exhibidas en Los Ángeles el año anterior a la ceremonia durante al menos siete días consecutivos) pues yo crearé el mío. Aunque igual que esta lista, estará en constante evolución y, de momento, incompleto. La lista tiene que estar a la fuerza incompleta sin haber visto a día de hoy ni Life of Pi, ni Blancanieves, ni The Master, ni Paranormal Activity 4. Así que, con eso en mente, aquí van mis películas favoritas del “2012″.

Amour


1. Amour 
(Michael Haneke, 2012).
2. Érase una vez en Anatolia (Nuri Bilge Ceylan, 2011).
3. Zero Dark Thirty (Kathryn Bigelow, 2012).
4. Django desencadenado (Quentin Tarantino, 2012).
5. Los miserables (Tom Hooper, 2012).
6. El Hobbit: Un viaje inesperado (Peter Jackson, 2012).
7. César debe morir (Paolo Taviani y Vittorio Taviani, 2012).
8. Bernie (Richard Linklater, 2011).
9. Los vengadores (Joss Whedon, 2012).
10. Cosmopolis (David Cronenberg, 2012).
11. Carmina o revienta (Paco León, 2012).
12. Chronicle (Josh Trank, 2012).
13. Skyfall (Sam Mendes, 2012).
14. Looper (Rian Johnson, 2012).

Austria, Turquía, Italia, Estados Unidos, Canadá, España, Reino Unido… El cine está en todas partes.

Si has seguido las pautas de la primera parte de la serie Todo lo que necesitas saber sobre el Servicio de Voluntariado Europeo y has sido tocado mágicamente por el mail en el que una entidad del país en el que te habías interesado a su vez muestra interés por ti, entonces puedes pasar a leer esta apasionante segunda parte en la que trataré los días inmediatos a la llegada.

Tu proyecto puede tener una fecha de inicio en cualquier mes del año, pero lo más habitual es que sea en septiembre, como es mi caso. Yo escogí el Reino Unido, el proyecto que estoy realizando tiene lugar en el Treloar College (Holybourne, Alton), y la entidad coordinadora entre este y el Servicio de Voluntariado Europeo, a través del CIPAJ en Zaragoza, es ICYE (International Cultural Youth Exchange).

Este lío de coordinadores, organizaciones y entidades funciona así: el SVE (o EVS en inglés) es un servicio al que pueden acogerse diversas entidades u organizaciones, las cuales pueden elegir si quieren ser de envío, de acogida y/o de coordinación; a las de envío acuden los aspirantes a voluntarios, los cuales han de solicitar su aceptación en una de las entidades de acogida de la lista; pero en algunos casos, estas entidades de acogida delegan todo el papeleo y las entrevistas pertinentes a una entidad que se encarga de hacer de eslabón y diversificar a los voluntarios escogidos entre todas las entidades de acogida según cualidades e intereses.

ICYE es a la vez entidad de coordinación y de envío. Recomiendo emplear como entidad de envío a las organizaciones bajo el paraguas directo del SVE (el CIPAJ en mi caso), para así estar arropado por los beneficios del SVE y de ICYE, como más adelante explicaré.

De momento nos encontramos a 25 de agosto volando hacia UK para acudir al campamento de bienvenida organizado por ICYE. ¿Qué es este campamento de bienvenida?

Dos de los días del campamento ICYE

La programación de dos de los días del campamento ICYE

Tanto el SVE como ICYE organizan campamentos de bienvenida para que el cambio de tu ciudad natal a esta nueva cultura con este nuevo idioma no se produzca de forma brusca. Estos campamentos suelen durar sobre una semana, a gastos pagados y se dedican a reforzar:

- El idioma: con varias horas de clases en grupos divididos según conocimiento (nada, un poco, algo, bastante, todo) centrándose en aspectos con los que fácilmente te vas a encontrar en el día a día.

- La cultura del país: tanto geográfica, como histórica, además de normas de comportamiento o diferencias con tu país de origen.

- La labor del voluntario: las clásicas listas de dos don´ts con casos reales, casos posibles y juegos de roles.

Este programa está organizado de forma clara y ordenada y salpicado de otro tipo de actividades más lúdicas que ayudan a entablar una estrecha relación con el resto de voluntarios de todas partes del mundo que comparten el campamento contigo. Algo esencial para:

- Conocer a los que se convertirán en tus compañeros de trabajo durante todo el resto del año.

- Conocer a los voluntarios que pueden acogerte en sus casas repartidas por todo el país, además de quedar con ellos para viajar juntos tanto si vuestros proyectos están cerca como si no.

- Conocer más sobre la cultura de sus países de origen; oportunidad que igual nunca se te ha presentado de forma tan amplia y con tanto tiempo por delante.

Una vez que este campamento termine (el mío terminó el 3 de septiembre), comenzará directamente tu proyecto. Tanto el viaje desde tu país hasta el campamento como desde el campamento al proyecto están pagados y organizados por el SVE y/o ICYE. Ellos son los que te van a buscar al aeropuerto en el primer caso y los que te dejan en la estación de tren, con el billete en la mano y señalándote el tren que debes coger en el segundo.

En mi caso, este primer campamento de aterrizaje fue íntegramente organizado por la entidad coordinadora, ICYE, pero es que, en mitad de octubre, el SVE realizó también su campamento de aterrizaje de asistencia obligatoria, con contenidos parecidos a los de este primero, y también a gastos pagados.

Calendario de la reunión del SVE

Calendario de la reunión de octubre del SVE, semejante al de ICYE aunque condensado en cuatro días

Durante el año que estaré en Reino Unido haré cuatro campamentos más, dos de ICYE y dos del SVE: dos ellos alrededor de febrero y otros dos alrededor de junio. Conviene apuntar que lo llamo campamentos porque lo traduzco directamente del inglés, porque el primero fue en una especie de unas habitaciones compartidas de un recinto scout en Southend y el segundo en un hotel de Exeter. Esta es la ventaja que ofrece acudir a ICYE en calidad de entidad de coordinación en vez de en calidad de entidad de envío, que estos campamentos, obligatorios y por ello al margen de los días de vacaciones en tu proyecto, se multiplican por dos.

Los campamentos son, sin duda, uno de los grandes beneficios como voluntario que tiene el Servicio de Voluntariado Europeo. Pero hay varios más, los cuales aparecerán en la tercera parte de esta serie.

¿Escritorio en obras?

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