Escritorio en obras

un blog de Adrián Gómez sobre cine, internet, periodismo y humor

El encanto vintage del acto de hacer cine

Andy 1964 & 2011. Fotógrafa: Irina Werning

Andy 1964 & 2011. Fotógrafa: Irina Werning

Hay una extensa cantidad de proyectos en internet en los que fotografías de hace varios años son recreadas al detalle por aquellos que aparecen en las mismas. En un artículo publicado el 27 de agosto del 2012 en el blog de Wix.com, dedicado al trabajo de Irina Werning sobre esta tendencia, se leía:

The result is fascinating, and not only thanks to the vintage charm of the old photos. The juxtaposition of the two images highlights the child within the adult. These two photo-instances tell a life story of a person.

El resultado es fascinante, y no solo gracias al encanto vintage de las fotos antiguas. La yuxtaposición de las dos imágenes resalta al niño interior del adulto. Estos dos instantes fotográficos cuentan la biografía de una persona.

Joshua Oppenheimer se vio forzado a añadir su nombre en esta corriente artística de la manera más espeluznante posible. Pero antes tenemos que retroceder cuarenta y ocho años y viajar hasta Indonesia.

Fairfax Archive

Fairfax Archive

No le recomiendo a nadie buscar imágenes relacionadas con el genocidio de Indonesia de 1965 y 1966. Sangre, mutilaciones, decapitaciones, cadáveres tirados en la calle. La caza que se llevó a cabo contra el Partido Comunista de Indonesia (PKI) dejó a la memoria del país manchada para siempre; aunque de cara al extranjero no se vio tan perjudicada como debería. La subida al poder del Nuevo Orden y el presidente Suharto ocurrió de forma paralela a los asesinatos en masa y a un alarmante desconocimiento por parte de occidente. Con el ejército como fuente principal de información, un país cerrado al público, un número de corresponsales ínfimo y la permanencia en el poder de los asesinos durante más de 30 años, una niebla de olvido fue cubriendo paulatinamente los acontecimientos. Aunque en diversas ocasiones se han intentado imponer castigos a los culpables, esto no ha impedido que sigan caminando por el país orgullosos de la imagen de héroes que ellos mismos se regalaron.

Con la idea de disipar esta niebla, el director llegó a la isla. Tras encontrarse con un pánico contagioso por parte de la gente a hablar de la matanza, alguien le recomendó que fuera a hablar directamente con los culpables. Fue entonces cuando las puertas se empezaron a abrir, la niebla a desaparecer y The Act of Killing (2012) a crearse. Este orgullo fue lo que consiguió que los gangsters y militares partícipes activamente en el genocidio decidieran ponerse a las órdenes de Oppenheimer y yuxtaponer la realidad y la ficción.

Errol Morris, el director que nos dio The Thin Blue Line (1988), dijo de ella: “The Act of Killing exige otra manera de ver la realidad“, mientras que Werner Herzog, creador de documentales como El gran éxtasis del escultor de madera Steiner (1974), expresó: “Es algo sin precedentes en la historia del cine“. Es una película que ha obtenido tantos odios como elogios. Es, en resumen, una película imprescindible.

The Act of Killing

Pero, ¿por dónde empezar a hablar de ella? En este artículo solo hablaré de la reflexión que más me ha interesado.

Podría ser la confesión del hijo de una víctima diciéndoles a los protagonistas de la película que su padre era el malo y ellos hicieron lo correcto. Podría ser la presentadora de un programa de televisión, decorado con cabezas cortadas, presentando a los asesinos como héroes. Podría ser la reflexión de uno de ellos comparándose con los colonizadores de América o los ejércitos medievales. Podría ser la libertad con la que hablaban sobre inventarse si alguien era comunista o no. Podría ser el gesto de terror de las personas con las que se iban encontrando y hablando. Podría ser el horrible momento en el que hablan y ríen sobre qué “deliciosas” eran las violaciones a niñas de catorce años.

Cualquiera de esas reflexiones daría para un artículo de más de mil palabras pero seré mucho más banal y me centraré en la estrecha relación de Anwar Congo, en la imagen inferior, y el cine. Sobre todo en la evolución de esa relación. En cómo la vida de Anwar atraviesa la pantalla y avanza desde el lado del espectador, antes de la realización del documental, al lado del creador.

Anwar Congo

En diversos momentos de la película Anwar habla de cómo se inspiró en el cine estadounidense de gangsters para realizar los más de mil asesinatos que pasaron por sus manos. La ilusión con la que graba las escenas de la película, el estoicismo con el que se somete a las sesiones de maquillaje o la pasión con la que se mete en su personaje demuestran un amor por el cine que le ha acompañado durante toda su vida. Incluso durante sus primeros días como trabajador, en los que se dedicaba a vender entradas ilegales en un cine de su ciudad.

Sabiendo que su trabajo era asesinar y torturar gente es muy relevante que ello se haya visto totalmente influido directamente por sus películas favoritas, de la misma manera que cualquier otro amante del cine trata, voluntaria o involuntariamente, de llenar su día a día de referencias al mismo. Aunque no cualquier amante del cine puede o quiere dar el paso que va de ser un espectador a un creador.

Sin embargo Anwar, gracias a Oppenheimer, sí consigue dar este paso. El documental transmite de forma cronológica este cambio, desde el brillo en los ojos de quien se ve por primera vez ante su carrera en el cine hasta el exorcismo final en el local donde Anwar decapitada a los comunistas.

Anwar Congo y nietos

En un reportaje escrito por Stephen Applebaum en The Australian el 13 de abril de este año se cuenta que Anwar le dijo entre lágrimas a Oppenheimer sobre el documental: “Esta es la película que esperaba. Es una película honesta. No hay nada más que me quede por hacer en la vida excepto morir“. Esta cita encaja con el momento en el documental en el que Anwar interpreta a una de sus víctimas y confiesa, consternado, que ha sentido lo que sintieron aquellos a quien torturó y ello ha hecho que lo pasase muy mal. El director entonces le contesta que no, que ellos lo pasaron mucho peor porque él sabía que solo estaba actuando. Momento en que Anwar deja de hablar y su conciencia se enciende, lo que posiblemente provoca un antes y un después en la reflexión ética de su propia vida.

Anwar ya no es la misma persona. El Anwar que se inspiró en sus películas favoritas de gangsters para invocar al mal murió al rodar el documental. Con el paso de un lado al otro de la pantalla de cine, otro Anwar nació. Más ético. Más reflexivo. Más consciente. Aunque demasiado tarde. Lidiando ahora con los demonios de su memoria liberados tras el exorcismo de la escena final.

Seguramente nadie de quien haya leído este artículo hasta el final haya matado o vaya a matar a mil personas alguna vez en su vida. Pero el cine puede ayudar a la reflexión en todos los niveles. Puede que desde un lado más que desde otro. Pero vale la pena probar. Aunque sea por disfrutar del encanto vintage que supone interpretar los errores de tu propia vida o despertar al niño interior del adulto. Pues eso, también, es hacer cine.

Cinephilia and Beyond: una escuela de cine infinita en tu propia habitación

“People don’t like to be told anything — I mean I don’t think they even like to be told their pants are open. They love to discover things themselves, and I believe the only way to do it is to lead them up to a certain place, and then let them go the last distance alone — taking the chance, of course, that they may miss your point”.

“La gente no quiere que se les diga nada — quiero decir que no creo ni que quieran que se les diga que su cremallera está bajada. Les encanta descubrir cosas por ellos mismos, y creo que el único modo de hacerlo es guiándoles hasta un lugar concreto y luego dejarles que hagan el último tramo solos — arriesgándose, por supuesto, a que pierdan de vista tu objetivo”.

Stanley Kubrick en una entrevista de Terry Southern no publicada pero posteriormente sacada a la luz en el libro Killed: Great journalism too hot to print (Gran periodismo demasiado caliente como para imprimir).

Este extracto forma parte de una muy interesante entrevista, enlazada en el párrafo anterior, en la que Kubrick explica algunos de sus métodos de trabajo y algunas de las decisiones que fue tomando en su vida para llegar a convertirse en el mito que siempre será.

La entrevista la descubrí hace unos días en un artículo de Cinephilia and Beyond, un curso de cine impresionante hecho tumblr que puede robarte las horas de toda tu vida. En ese mismo artículo se enlaza la entrevista completa del escritor Terry Southern, posterior guionista de Dr. Strangelove or: How I learned to stop worring and love the bomb (1964), a Stanley Kubrick con Lolita (1962) recientemente terminada. También se enlaza, para seguir aprendiendo con Southern, una entrevista de Maggie Paley al guionista en The Paris Review en la que se cuentan sus inicios, sus experiencias, sus anécdotas y sus consejos. Y también se puede seguir aprendiendo de Kubrick con otra entrevista enlazada, esta vez a través de Scribd, que fue publicada en The Film Director as Superstar (1969), en la que Joseph Gelmis le pregunta al director sobre su película entonces en preproducción, Napoleon, y sobre distintos aspectos de su filmografía y biografía con 2001: A Space Odyssey (1968) recientemente finalizada.

Cada actualización de Cinephilia and Beyond se transforma así en una excepcional clase hipervinculada en la que se aprenden los secretos del arte de hacer cine. Explorando en los archivos que nos facilita internet, este blog se sumerge en absolutamente todos los aspectos que forman parte del mundo del cine, todo un despliegue de cinefilia muy difícil de encontrar.

Stanley Kubrick

Algunas de las joyas que podrás encontrarte aquí serán completas entrevistas a directores, multitud de guiones en PDF esperando para ser leídos, documentales sobre cine de visionado gratuito, artículos en antiguas revistas de cine, clases magistrales, programas de televisión, entrevistas, audiocomentarios, fotografías… Entre los fans del blog se encuentran Matt Reeves, Nacho Vigalondo, Gary W. Goldstein, Shane Salerno, Brian Michael Bendis o Josh Boone.

Me resulta tan fascinante que cada día tengo que leer algo nuevo de posts pasados para poder irme a dormir tranquilo y ampliar una base de datos que pronto pasará a estar patrocinada involuntariamente por este extraordinario archivo digital. No me extiendo más porque me temo que en actualizaciones futuras acabaré nombrando de nuevo a esta Biblioteca de Babel del Cine.

Como un ejemplo de los tesoros que aquí se reúnen, y siguiendo con Kubrick, aquí va una introducción que Terence Davies hizo de 2001: A Space Odyssey (1968) antes de ser emitida en el ciclo del director que The Film Club programó para la BBC2 en 1989.

La BBC trata a su audiencia como si fuera Sherlock Holmes

Sherlock

El sith James Moriarty confesó al jedi Sherlock Holmes de la BBC, en el último capítulo de la segunda temporada, que le resulta interesante ver cómo el jedi ha adoptado a un simple intelecto de la plebe como puede ser Watson en calidad de amigo y compañero. Incluso añadió a su interés sociológico la posibilidad de conseguir su propio ser ordinario que haga de acólito durante sus aventuras. De hecho, si la serie fuera narrada desde el punto de vista del sith, ese acólito sería completamente necesario para poner voz a las dudas y pensamientos del espectador; para lo mismo que Watson fue creado.

Nosotros, la audiencia, nos sentimos a gusto en los zapatos de Watson, unos zapatos que fueron creados a medida tanto en las novelas como en las películas posteriores. Siguiendo a Holmes durante sus investigaciones, nos gusta verle como a un semidiós con superpoderes capaz de adivinar el paradero de unos niños secuestrados a partir de una huella en una casa a kilómetros de distancia. Esperar a que el semidiós baje del Olimpo a explicarnos cómo lo ha hecho es mucho más cómodo y rápido que tratar de construir el puzzle de un millón de piezas que nos ayudaría a averiguarlo. Sabiendo que este es el pensamiento común de una audiencia que se ve como Watson, no es de extrañar que la mayoría de series sobre resolución de casos policiales vea también a su audiencia como a su acólito de intelecto ordinario, falicitándole todas las soluciones a posteriori y, probablemente, extraídas de lugares a los que el público no ha tenido acceso.

De la misma forma que es cómodo y rápido para la audiencia verse como Watson, es también cómodo y rápido para los guionistas ver a la audiencia como tal. Esto hace que los casos puedan ser tan rebuscados como quieran, investigar en los lugares que mejor les convengan en favor del drama y, finalmente, cuando ellos deseen, dar con la solución gracias a un nuevo y último descubrimiento que deje atónitos a los espectadores. Pero la BBC, Mark Gatiss, Steven Moffat y Steve Thompson han decidido dejar de lado toda esta comodidad y seguridad y llevar a cabo un despliegue de honestidad. Ya no solo ven a sus espectadores como al Watson que prefiere ver el solucionario del crucigrama, sino también como al Sherlock que prefiere jugar a terminarlo, por muy difícil que parezca.

Esta decisión es complicada. Si hubieran dirigido la serie hacia todos aquellos Sherlock que hay ahí fuera, todos los Watson no tendrían ni idea de qué está pasando. Así que sabiendo que Watson y Sherlock puede ser una misma persona, la serie también se dirige hacia los Watson y los Sherlock al mismo tiempo. Mientras el esqueleto parece estar dirigido a los Watson que queremos leer el solucionario, han distribuido una ambiciosa cantidad de easter eggs por todos los episodios dirigida a todos aquellos Sherlock que se atrevan a resolver los enigmas al ritmo del protagonista.

La última ficha la han movido con el último episodio de su segunda temporada, con un final de solución compleja cuya respuesta se la guardan para septiembre de este año. Tras el primer visionado, no puedes ser más que ese Watson atónito cuya única explicación la deja en manos de la fe y la esperanza. Pero eso es porque al Watson de la serie le falta un superpoder que la audiencia sí tiene y que la convierte en Sherlock: la capacidad de retroceder y parar el tiempo. Tras un segundo y tercer visionado se pueden encontrar varios easter eggs que dan con una solución probable y que han inundado internet de conjeturas desde su emisión. Esta invitación al juego y a la interactividad que nos regala la BBC, inusual en otros productos similares, es el método que conocen Gatiss y compañía para no tratar a su audiencia como seres ordinarios. Es toda una declaración de intenciones y de fidelidad que hace al producto mucho más atractivo y a la audiencia mucho más inteligente.

Pero lo más fascinante aún si cabe es que este gran ejemplo de trato inteligente a la audiencia nos lo ofrezca una serie cuyo protagonista se vanagloria sin modestia de su mente superior frente al resto de seres ordinarios. Tras la ostentación y pedantería extrema, escondida en diversos easter eggs, se encuentra esa humildad y esa declaración que ve a todo su público como a un igual. Un poco al contrario de lo que se ve a menudo en televisión. Y fuera de ella.

Las películas que más me interesan de Cannes 2013

Contando el número de joyas que salieron de la anterior edición del Festival de Cannes, y la no menos importante cantidad de películas que dieron para extensos debates que aún hoy siguen creciendo, no es de extrañar que la lista anunciada para este año se reciba como una fuente de obras que cambiarán percepciones, darán que hablar, ayudarán a la continua evolución del cine, marcarán hitos y, sobre todo, regalarán algunos de los mejores momentos cinematográficos de los próximos doce meses, conforme vayan llegando a las pantallas comerciales. Estas son las películas que más me interesan.

Inside Llewyn Davis

Con un trailer con un final tan enigmático como el de A serious man (Joel y Ethan Coen, 2009) la sensación es la de estar asistiendo a la perla que redondeará las últimas obras filosóficas que han salido de las manos de los hermanos más conocidos del cine: la citada y la más reciente True Grit (Joel y Ethan Coen, 2010). Contando con la presencia de Carey Mulligan, el posible descubrimiento de un hasta ahora secundario invisible, las cálidas acogidas de su preestreno en pase privado y el hecho de que han tenido que pasar tres años para que se estrenase, esta bomba puede ser un auténtico acontecimiento.

Le Passé

Después del bombazo que supuso A Separation (Asghar Farhadi, 2011), el siguiente largometraje del director, ahora en francés, es una equis en todos los calendarios. El listón está en un guión perfecto que convertía a la conversación cotidiana en el engranaje que conformaba una historia cerrada, intensa y con un interés in crescendo, y no se espera algo que no sea, al menos, igual de bueno y emocionante.

Venus in Fur (Obra)

Venus in Fur

Como si ver a Emmanuelle Seigner con la ropa que casi lleva Liv Rooth en el papel de Vanda durante el paso de la obra por Hartford, Connecticut, no fuera razón suficiente para estar contando los días que quedan para su estreno, además tenemos a su marido, Roman Polanski, a la batuta. Un Polanski que ya ha demostrado sentirse a gusto con historias de pocos y complejos personajes, como nos demostró recientemente con la minimalista, brillante y también teatral Un dios salvaje (2011). Con esta última promete jugar con la fantasía y la realidad, con la seducción y el poder, y, posiblemente, con su visión del amor y el sexo que ya disfrutamos enormemente en Lunas de hiel (1992).

Only God Forgives

Quien en el 2011 nos trajera la que para muchos fuera la película del año, aunque para Tarantino y para mí solo fuera un “buen intento“, Drive (Nicolas Winding Refn, 2011), viene ahora con una de mafias. Aunque mis expectativas son bajas, tengo una pequeña esperanza en que ese buen intento se pueda transformar en una diana, pero ver otra vez a Ryan Gosling encorsetado en su objetivo de convertirse en una nueva personificación de lo cool no es algo que me atraiga.

De todas formas siempre espero que lleguen sorpresas de películas que de momento no han llamado mi atención. Al fin y al cabo para eso, entre otras cosas, está el Festival de Cannes.

Alta Films se cae por apostar por un modelo de negocio del pasado

Enrique González Macho, presidente de la Academia de Cine Española y propietario de la cadena de cines Renoir y la productora, distribuidora y exhibidora Alta Films, ha informado este jueves que esta última se encuentra “en una situación económica muy delicada” que podría suponer el cierre de la misma, aunque, según asegura, pretende evitarlo.

Logo de Alta Films

Según se puede leer hoy en El País, González Macho ha dejado claras las causas de este final: “Hasta aquí hemos llegado, hemos resistido mientras se ha podido… pero la gente ha dejado de ir al cine, el DVD está arruinado y las televisiones, sobre todo la pública, ya no apoyan al cine español ni al cine de autor en general; así que intentaremos seguir, montando algo más pequeño, pero la verdad es que… hay poco que hacer“. El problema es que, a pesar de haber rozado con una superficialidad alarmante las causas del problema, la única solución viable que se plantea es que las cosas se acaben por arreglar solas, por obra de un milagro económico que no termina de llegar. En vez de avanzar con los cambios y adaptarse a un nuevo clima, prefiere esperar a que los cambios se adaptan a él. La selección natural avanza y, evidentemente, no hay hueco para los que no avanzan con ella.

El presidente de la Academia de Cine añade una puntilla que ayuda a comprender por qué uno de sus negocios está a punto de caerse: “La verdad es que yo me quiero ir“. La falta de ganas por trabajar duro, por innovar, por investigar y por crecer junto a su público le hacen manifestar sus deseos de abandonar esta carrera: una especie de suicidio lento y anticipado al que se van sumando muchos otros dinosaurios que pasarán a convertirse en fósiles históricos.

A pesar de que al principio pueda resultar algo lento que nuevas distribuidoras y exhibidoras cojan el relevo que ahora deja vacante Alta Films, no sucederá lo que se atreve a pronosticar Macho: “Hay otras distribuidoras españolas de cine independiente, pero yo creo que acabarán corriendo la misma suerte que nosotros“. No, no va a ser así porque, a pesar de que nos cueste creerlo, hay muchos cerebros trabajando en la industria del cine que saben cómo trabajar y qué ofrecer, pero que se ven pisoteados desde arriba por unas fuerzas que ahora echan la culpa a unos cambios que creen perniciosos. Esas fuerzas, muchas veces políticas, ahora ven cómo el castillo de naipes se va cayendo y cómo su modelo de negocio desaparece.

El cierre de Alta Films nos deja con un mal sabor de boca por ver a un referente histórico suicidarse de forma tan irresponsable y más sabiendo que, poco a poco, parecía que empezaba a abrir los ojos con sus incursiones esporádicas, y a veces a destiempo, en Filmin. Se van con él muchas buenas películas, recuerdos e iniciativas que, en los tiempos en los que llegó, pues se hace llamar la primera distribuidora española de cine de autor, eran revolucionarios y positivos. Pero con las canas llega también el cansancio y uno se quiere ir. A los pésames de grandes figuras del cine sumo también el mío, creyendo que la industria aprenderá de estos errores. Termino con el trailer del último gran estreno de la distribuidora: Alacrán enamorado (Santiago A. Zannou, 2013).